La Catedral habilita un servicio de guiado para paliar las afecciones de Holika en el acceso a su conjunto histórico monumental

El dispositivo de perimetrado y seguridad de los festivales Gran Reserva y Holika está causando afecciones al normal desarrollo de la vida, los servicios religiosos y visitas turísticas al conjunto histórico monumental de la Catedral de Calahorra; sobre todo por cuestiones de accesibilidad y porque la visión del vallado hace creer a fieles, turistas y visitantes en general que la Catedral está cerrada, cuando en realidad no es así.
La instalación de algunas estructuras está dificultando significativamente la accesibilidad para personas con sillas de ruedas, por ejemplo. Así, el cartel de “Holika” impide el paso desde la plaza Cardenal Cascajares por uno de sus accesos, si bien este obstáculo se puede evitar dando un rodeo.
Por otro lado, las torretas instaladas frente al atrio también ocupan prácticamente todo el ancho de acera necesario para la mayor parte de sillas de ruedas o vehículos de movilidad personal. La alternativa de cruzar a la acera de enfrente para evitar estos obstáculos tampoco soluciona el problema puesto que en esa acera existe un bloque dispensador de bebidas que ocupa casi todo el ancho del espacio peatonal.
De cualquier manera, y si bien para este caso no hay una solución efectiva y no se han dispuesto medidas paliativas por parte de la organización ni del Ayuntamiento, el personal de la Catedral está dispuesto a ayudar a quienes lo necesiten con un servicio de guiado en accesibilidad. Basta con que en horario de visitas turísticas llamen a los teléfonos 677 311 768 ó 680 932 103.
Por otra parte, en la tarde de ayer el paseo de las Bolas quedó aislado sin acceso por ninguno de sus dos extremos, dejando encerrados al menos cuatro vehículos. Puestos en contacto con la organización, la Catedral ha encontrado buena disposición a colaborar para solucionarlo y se valora la posibilidad de retirar los bolardos que dan acceso a este paseo por el lado Este para que al menos se cree así una zona de entrada y salida de vehículos para que los sacerdotes de la Catedral puedan llevar su vida normal y acudir a los servicios religiosos de urgencia.

