Alfaro se sitúa a la vanguardia de la restauración fluvial con humedales que protegen frente a crecidas y refuerzan la biodiversidad

En el Día Mundial de los Humedales, Alfaro destaca como referente del proyecto LIFE Ebro Resilience, que convierte estos ecosistemas en auténtica “tecnología natural” para convivir con la dinámica del río Ebro.
Alfaro vuelve a mirar al Ebro como aliado. Coincidiendo con la celebración del Día Mundial de los Humedales, este 2 de febrero, el municipio se consolida como uno de los puntos clave de la Estrategia Ebro Resilience, una iniciativa que apuesta por las Soluciones basadas en la Naturaleza (SbN) para reducir el riesgo de inundaciones y mejorar la salud del río.
Lejos de ser únicamente espacios a conservar, los humedales se están revelando como infraestructuras verdes capaces de amortiguar crecidas, filtrar contaminantes y generar nuevos hábitats. En este contexto, Alfaro alberga dos de las actuaciones más emblemáticas del proyecto europeo LIFE Ebro Resilience P1.
El primero es el humedal de La Nava, creado en 2020 como ejemplo de restauración fluvial al servicio de la biodiversidad. Su diseño incluye “playas” de taludes suaves para facilitar el acceso de la fauna y tramos verticales destinados al anidamiento del avión zapador, además de zonas específicas pensadas para especies tan sensibles como el visón europeo.
A esta actuación se sumó en 2023 el humedal de La Roza, integrado dentro de una adecuación morfológica que devolvió al río 22 hectáreas de espacio fluvial. Conectado directamente al nivel freático del Ebro, mantiene una lámina de agua constante que favorece la vida silvestre en un entorno protegido por la Red Natura 2000.
Junto a Alfaro, el proyecto ha culminado recientemente un tercer humedal en el Meandro de Aguilar, entre Osera de Ebro y Fuentes de Ebro (Zaragoza). Con 1,4 hectáreas de superficie, esta nueva zona húmeda refuerza la capacidad natural del terreno para almacenar agua y sedimentos. Su entorno será renaturalizado con la plantación de 12.500 ejemplares autóctonos, entre ellos chopos y olmos resistentes a la grafiosis.
Innovación natural frente a la erosión
Una de las soluciones más pioneras del programa son los llamados “lóbulos”, defensas hidráulicas que transforman las zonas erosionadas de las márgenes en pequeñas celdas que funcionan como humedales. Durante las crecidas, el agua queda retenida en estos espacios y genera un movimiento rotatorio que reduce la fuerza de la corriente principal, evitando nuevos daños.
Además de frenar la erosión, estos lóbulos actúan como “filtros verdes”: acumulan aguas de riego infiltradas y eliminan nitratos antes de que regresen al río, mejorando así la calidad del agua.
Mucho más que paisajes de agua
Los humedales desempeñan un papel esencial en el equilibrio de los ecosistemas fluviales. Funcionan como esponjas naturales que absorben el exceso de agua en épocas de crecida y la liberan de forma progresiva en periodos secos. Son también importantes sumideros de carbono —a escala global almacenan cerca del 30% del carbono terrestre— y auténticos filtros naturales capaces de retener sedimentos y contaminantes.
No en vano, alrededor del 40% de las especies del planeta dependen de estos ecosistemas para sobrevivir.
Con actuaciones como las de La Nava y La Roza, Alfaro se posiciona como ejemplo de cómo la restauración fluvial y la innovación ambiental pueden ir de la mano, demostrando que proteger la naturaleza es, al mismo tiempo, una de las mejores formas de proteger a las personas.

